Hace unos días, en Instagram Stories, publiqué que estaba haciendo cielos en acuarela y, decía, que hasta que no me saliera no me rendiría.
Horas más tarde me rendí y finalmente los hice con acrílico que es una técnica que domino más.

No me he rendido del todo, no voy a dejar de pintar en acuarela para siempre jamás, solo necesitaba un poco de dosis de autoestima para que una pequeña pintura me quedase más o menos bien.

Estoy aprendiendo a usar la acuarela gracias a mis sketchbook pero no la domino y creo que esto va a costar. La acuarela es una técnica muy difícil. De hecho creo que es la técnica más difícil.

Para empezar, en la acuarela, no existe el blanco, si no que el blanco es el mismo papel. Por lo tanto hay que tener el dibujo muy estructurado en la mente para reservar los blancos porque luego no se puede añadir como en las demás técnicas.

Esto es porque la acuarela es un pigmento muy transparente y siempre hay que empezar a trabajar primero los colores claros y poco a poco, capa a capa, ir subiendo el tono. La transparencia de la acuarela hace que sea muy luminosa y es difícil conseguir colores intensos.
A causa de esta transparencia no es posible hacer correcciones, si te equivocas no hay solución. Hay que empezar de nuevo.

También hay que tener en cuenta que la acuarela se trabaja con grandes cantidades de agua y antes de poner una capa encima de otra hay que esperar a que seque por completo la primera porque si no los colores se mezclan y quedan sucios.
Además, puede que la acuarela no seque como esperas quedando formas inesperadas, lo que tengo que confesar que es uno de los encantos de esta técnica.

Como ya he dicho anteriormente me gusta la acuarela. Tiene características muy buenas, sobretodo para el urban sketching, ya que te permite llevar los colores ocupando poco espacio y trabajar de forma rápida las luces y sombras.

Pero cuando he querido hacer algo más elaborado me cuesta horrores, me equivoco y no puedo volver atrás… ¡A veces me desespera!

Pero esto es parte del aprendizaje, no hay que perder la paciencia y, cuanto te apetece, puedes volver a lo conocido, pero, aquí no acaba todo.

Cuando hice los dibujos del cielo en acrílico me he dado cuenta que he aprendido a trabajar las bases con poca pintura, usando el acrílico casi como acuarela (esta es una de las características del acrílico) y luego ir añadiendo capas más opacas de color pero con lo más positivo, para mi, que es poder usar los colores más claros encima de los oscuros.

No me voy a rendir, seguiré practicando con la acuarela pero, por el momento, creo que el acrílico es más afín a mi, sobretodo porque se pueden trabajar los colores más intensos cosa que me gusta.

Aunque he de confesar que la luminosidad de la acuarela me encanta. Quizá, seguir practicando con la acuarela me permita trabajar el acrílico de forma diferente, más luminosa pero aprovechando su intensidad.

 

 

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